No sé si el poema viene antes o después del viaje. Si el asombro es la forma en que se mira o si la forma en que se mira determina el asombro. Lo que sí sé es que cada viaje me reconstruye, me vuelve a construir desde el otro, desde su mirada, desde su lenguaje. Viajar se vuelve poema.


domingo, 3 de julio de 2016

Belén, Catamarca


En Belén comimos empanadas que dos señoras iban haciendo bajo un árbol. El señor que las freía las ponía en una olla de hierro negro y, cuando estaban listas, las sacaba con la mano directamente del aceite caliente. No usaba tenedor, ni cuchara, ni nada más que sus manos. Yo lo miraba esperando ver algún gesto que anunciara el dolor del aceite hirviendo, pero no, cada vez que metía la mano en la olla y sacaba la empanada lista, sonreía orgulloso, y cantaba.


(Julio 2014)


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